Sigler, de 46 años, fue el primer preso político liberado a raíz de un diálogo entre
el presidente Raúl Castro y el cardenal de la Iglesia católica cubana Jaime Ortega el 19
de mayo, pero las autoridades cubanas demoraron darle una autorización para dejar el
país.
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En silla de ruedas y consumido hasta el hueso, el ex preso político Ariel
Sigler Amaya, una de las más notables figuras de la oposición en Cuba, fue recibido como
un héroe el miércoles en Miami, a poco más de un mes de su liberación debido a su
delicado estado de salud.
"¡Abajo la dictadura! ¡Abajo los Castro! ¡Abajo los asesinos Castro! ¡Abajo todo
aquel que nos tiene sufriendo tantos años!'', gritó Sigler.
Inmediatamente después de su arribo desde La Habana al Aeropuerto Internacional de
Miami a la 1:30 p.m., Sigler fue conducido en una ambulancia al Hospital Jackson
Memorial arropado en una bandera cubana.
"Siento una mezcla de alegría y de dolor. Alegría porque estoy en una patria libre
donde realmente se respetan los derechos humanos, que me ha acogido para el
restablecimiento de mi salud'', afirmó. "Y dolor porque soy un patriota, dejo a mi
país, a mi hermano Guido y todos los hermanos de lucha que se encuentran en la mazmorra
del tirano Fidel Castro''.
Sigler, de 47 años, llegó en un vuelo de la aerolínea Sky King. Su hermano, Miguel
Sigler, también un ex preso político, lo esperaba en el vestíbulo de la salida J del
aeropuerto junto con decenas de miamenses. Entre las personalidades locales que
acudieron se encontraban Tomás Regalado, alcalde de la Ciudad de Miami, y Carlos
Alvarez, alcalde del Condado de Miami-Dade, y el representante estatal republicano Julio
Robaina.
"En estos momentos le estamos dando un recibimiento a un gran patriota cubano, Ariel
Sigler Amaya, que ha salido de las ergástulas de los hermanos Castro'', indicó Miguel.
Acto seguido, Miguel le colocó a Sigler un par de guantes de boxeo con el diseño de
la bandera cubana. En su juventud, el disidente fue un boxeador aficionado de pesos
pesados que se caracterizaba por su resistencia física y agilidad en el cuadrilátero. Al
entrar en prisión era un fornido atleta que pesaba 205 libras. Ahora pesa 117.
El miércoles, Sigler mostró sus enflaquecidas piernas, atrofiadas por largos períodos
de inmovilidad. Debido a una polineuropatía agresiva, un daño neurológico que disminuye
la sensibilidad en cualquier parte del cuerpo, necesita llevar un collar ortopédico. Las
rigurosas condiciones que sufrió en la cárcel motivaron constantes protestas de la
disidencia interna y organismos internacionales de derechos humanos.
Líder del Movimiento Opción Alternativa, Sigler fue liberado el 12 de junio, semanas
después de que el gobernante Raúl Castro y representantes de la Iglesia Católica
iniciaran un histórico diálogo para tratar el tema de los prisioneros políticos. Hace
dos meses recibió una visa para viajar a Estados Unidos.
La semana pasada, Sigler, su esposa Noelia Pedraza y tres activistas acudieron a la
sede de la Oficina de Inmigración y Extranjería, en Matanzas, para pedir que se
agilizara su permiso de salida de la isla.
Según contó el miércoles a su llegada, las autoridades le informaron el 14 de julio
que debía esperar más tiempo para obtener la llamada tarjeta blanca que le permite
abandonar el país. Cinco días más tarde recibió la misma respuesta. Entonces, sacaron un
cartel con consignas contra el gobierno. Enseguida, según dijo, una turba
progubernamental comenzó a hostigarlos.
"Quisieron meterme en una guagüita donde apenas cabía y comenzamos a gritar
consignas anticastristas'', recordó Sigler.