Márquez, sostiene que sería terrible asumir que es imposible en Cuba la convivencia de las diferencias.
Agrega
el autor que no cree que los cubanos estén condenados a la lucha de
intereses y aspiraciones personales que coartan la iniciativa
empresarial, la compraventa de propiedades, la contratación de atletas o
las inversiones de los nacionales.
Ninguna razón -asevera
Márquez- explica las limitaciones al ejercicio de la libertad humana, o
el exceso de enfermizos controles burocráticos.