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Yoani Sánchez

Háblalo sin Miedo

Las peripecias para vestir en Cuba PDF Imprimir E-mail
Artículos
Viernes, 21 de Octubre de 2011 07:57
        “El invierno en Cuba es el carnaval de los pobres, tú ves a todo el mundo disfrazado, cualquier abrigo, cualquier cosa, lo que      hay es que cubrirse,” se lamenta la habanera Katia Sonia Martín al sentir cercana la temporada estival. Pero la escasez de ropa en la isla es un problema con el que conviven los cubanos en todas las estaciones del año hace ya mucho tiempo.

“Vestir y calzar en Cuba, es tan difícil como alimentarse,” asegura Noemí Mildrey Sánchez, vecina de Antillas, en Holguín. Por eso el pedir prestado, alquilar o comprar a plazos ropa y zapatos es ya una práctica cotidiana.

Martín, quien reside en La Habana, explica que la decisión de comprar ropa nueva no se toma a la ligera, “primero tienes que pensar lo que necesitas, tienes que ir siempre a la necesidad, entonces: a reunir el dinero. Te puedes pasar seis meses y hasta un año reuniendo ese dinero.”

Reuters

Pero la dificultad no radica solamente en la solvencia económica, sino en las ofertas. Las tiendas de ropa de segunda mano, o ‘trapichopis’ como las llaman popularmente, remedan la situación con prendas donadas por otros países, que son ofertadas a precios bajos, pero sin garantía de calidad y con diseños completamente pasados de moda.

Sobre la calidad de los productos vendidos en las tiendas recaudadoras de divisas, dice Noemí Sánchez: “dos meses no te dura un par de zapatos y te dan solamente una semana de garantía para esa prenda.”

“La gente compra la ropa ya cuando es un caso extremo: las madres con las hijas que van a cumplir quince o niños chiquitos porque las ropas se les van quedando. Una mujer aquí en Cuba, si le salen buenos los zapatos, puede estar hasta un año con un solo par para todo: fiestas, bodas o bautizos,” precisa Martín.

*Vea nuestra fotogalería Vestir a Plazos

En el caso de los jóvenes, el deseo de vestir a la moda o al menos exhibir una apariencia acorde a su edad, provoca que se endeuden por varios meses, hasta que logren pagar con sus escasos salarios la prenda de ropa de su gusto.

Yonart Rodríguez, de 30 años de edad, quien vive en Velasco, provincia de Holguín, califica el asunto de vestirse como “verdadero rompecabezas, porque todo está muy caro y el dinero no aparece”.

Según él algunos compran ropas a vendedores particulares, surtidos por las llamadas ‘mulas’, con el compromiso de pagarlas a plazos y otros resuelven prestándose ropas entre ellos para variar los fines de semana y no salir siempre con la misma.

Noemí Sánchez cuenta sobre la costumbre en su pueblo de residencia: “La juventud aquí estila mucho prestarse la ropa. Las muchachitas se prestan pulóveres, zapatos, carteritas. También se alquilan los zapatos y las prendas de vestir.”

En el resto del país sucede otro tanto; por ejemplo, en la capital un vestido para ocasiones especiales puede costar 15 pesos convertibles y un vestido de novia, hasta 200 CUC.

El villaclareño Antonio Suárez Fonticiella asegura que varios conocidos suyos solo tienen una muda de ropa y un par de zapatos para todo, y destaca que lo logran luego de grandes sacrificios que incluyen a veces hasta renunciar a algunos alimentos.

Katia Martín, madre de un par de gemelas de ocho años, se considera afortunada porque sus amigos o familiares en el extranjero le envían ropas a sus niñas cada cierto tiempo. “Yo las cuido muchísimo porque después de mis niñas tengo a una sobrina de tres años, y así las ropas van pasando de generación en generación.”

“Aquí los que mejor visten son los que tienen familia en el exterior o los que vienen de Venezuela porque están cumpliendo misiones. Ellos revenden esa mercancía y así es como ellos se pueden vestir porque dentro de las tiendas llamadas TRD, realmente no se vende una mercancía que valga la pena,” asegura Noemí Mildrey Sánchez.

En los últimos tiempos una nueva opción se hace popular por las calles habaneras. Según Martín, en numerosos portales de la calle Galeano, venden ropa traída de Ecuador o Estados Unidos, “incluso es una ropa que tiene hasta mejor calidad y más ofertas, porque las de las tiendas con los precios que tiene ni las venden.”

Agrega la entrevistada que en estos mercados instantáneos los precios son más baratos, pues los vendedores particulares hacen la competencia a las tiendas recaudadoras de divisas del Estado “y muchas personas prefieren beneficiar más a un particular que al gobierno.”

Luis Estrada, cubano residente en Miami, quien se dedica a llevar mercancía a la isla para revenderla, aprovecha las limitaciones del mercado cubano para quintuplicar el precio de los productos de dudosa calidad que compra originalmente en un par de dólares ‘donde los chinos’.

Mientras, en las vidrieras de las escasas tiendas por moneda nacional – al decir de Katia Martín- es más frecuente encontrarse un cartel con año que cumple la revolución y una foto de Fidel.