|
Por Mercedes L. García - Desde hace ya algún tiempo he estado observando y analizando la irreverente conducta de, afortunadamente, un grupo cada vez más reducido de cubanos que a fuerza de odiar han perdido por completo la perspectiva sobre el pasado, presente y futuro no solamente de Cuba, sino también de la gran nación que los acogió al verse obligados a salir al exilio: Estados Unidos de América.
Resulta que siendo “Republicanos” se han pasado cuatro largos años arremetiendo contra del Presidente electo, por ser éste del partido Demócrata. Toda clase de epítetos descalificativos, insultos y hasta comentarios degradantes se han visto publicados haciendo caso omiso a la grandeza del sistema democrático que caracteriza al país: una vez pasados los rigores de las elecciones y a partir de la toma de posesión el mes de enero próximo a las elecciones el candidato electo se convierte en el Presidente de toda la nación americana y por tanto se le debe respeto. No alabarlo sería prudente y comprensible si no se pertenece al mismo partido, pero no respetarlo como Presidente es faltarle el respeto a toda la nación. Recientemente, sin embargo, le ha tocado el turno al Santo Padre Benedicto XVI con motivo de su visita a Cuba. Los “Católicos” se han olvidado de serlo y al igual que en el caso anterior, han emitido toda clase de comentarios cargados no de argumentos discordantes respetuosos, sino de toda clase de críticas malsanas y ridiculizadoras.
Si pusieran por un instante el odio aparte quizás podrían visualizar nuestra realidad como pueblo. Ninguna nación extranjera, ni Demócratas ni Republicanos van a enfilar sus cañones ni misiles, para derrocar de una buena vez al régimen totalitario cubano. Ni los represores de ese régimen van a abandonar el poder de forma espontánea y pacífica. Los únicos seres sobre la tierra que seremos capaces de liberar a nuestra Patria: Cuba somos nosotros; los cubanos y más los de adentro que los de afuera. Ambos personajes, críticas aparte, están lanzando ese mismo mensaje e intentan hacerle llegar a nuestro pueblo el mensaje: ¡Ustedes y sólo ustedes pueden liberar a Cuba. No tengan miedo, atrévanse a luchar y alcanzar la tan ansiada libertad!
Desafortunadamente los “odiadores” profesionales ya no son capaces de buscar alternativas reales por estar demasiado ocupados intentando no caerse del mismo barco donde han estado montados a partir del año en que comenzó nuestra triste historia. Puede que como dicen, no tengan “amo”, pero lo que es peor, tampoco tienen Patria. Se olvidan de la Patria que los vio nacer al ignorar su realidad y buscar las soluciones reales, pero tampoco pueden llamarse americanos o estadounidenses si no son capaces de respetar a la Nación que los acogió. ¿Qué son entonces? ¡Vasta ya de sufrimientos inútiles para el pueblo cubano! Es hora de poner el odio aparte y como cubanos aprender a luchar todos juntos para hacerle llegar el mensaje de libertad a todos nuestros hermanos.
Los corruptos y tiranos: afuera. Cuba hacia adelante, hacia la Democracia y las libertades plenas.
|