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Yoani Sánchez

Háblalo sin Miedo

Las iglesias ante el régimen PDF Imprimir E-mail
Artículos
Jueves, 30 de Junio de 2011 08:21

Editorial Diario de Cuba - La presencia de las diversas iglesias cubanas en la vida social y política del país se acrecienta cada Iglesias Cuba día. Obligadas durante medio siglo a centrarse en la labor pastoral, y afrontando dificultades en la evangelización, hasta ahora las iglesias se habían movido relativamente lejos de la política. Sin embargo, en la medida en que el régimen se debilita y se interesa en ellas como interlocutoras —y en tanto crecen los cultos en la vida del país—, empiezan a ocupar un espacio inédito.

 Este nuevo protagonismo conlleva riesgos y retos. Como cualquier ente social, las iglesias han de participar en política, opinar y jugar sus cartas. Pero tal participación genera efectos colaterales, como el estar expuestas a la opinión del otro, a la crítica de la prensa, al desgaste, el ascenso o la caída. No puede pretenderse entrar al debate público y, al mismo tiempo, blindarse a toda crítica. Allí donde esto sucede, hay, con toda seguridad, un actor que distorsiona el sistema.


 En esta coyuntura, se acumulan los problemas para la jerarquía católica de la Isla. A la reciente revelación de Wikileaks acerca del presunto papel del cardenal Jaime Ortega en el cierre de la revista Vitral, habría que añadir la polémica mediación para la excarcelación de los presos políticos. Laicos conocidos, que antes callaban por no afectar a la institución, hablan ahora abiertamente. Prueba de ello son las objeciones hechas por el líder del Movimiento Cristiano Liberación, Oswaldo Payá, a los argumentos del portavoz de la Conferencia Episcopal, Orlando Márquez, a propósito de dichas excarcelaciones.

 Sin embargo, no es cuestión exclusiva de la Iglesia Católica. El oficialista Consejo de Iglesias, que prosigue su trabajo habitual de acompañar las decisiones del régimen con una militancia de reglamento, pocas veces había contado con tantas rebeliones entre los pastores de base. Aun así, resulta sorprendente el hecho de que miembros de la Iglesia Metodista efectúen operativos conjuntos con la Seguridad del Estado, tal como se ha visto recientemente en Santa Clara.

 Por su parte, babalaos oficialistas agrupados en la Asociación Cultural Yoruba de Cuba obligan a Ifá a refrendar lo que postula el diario Granma. Y los líderes de la comunidad judía defienden al carcelero antes que a Alan Gross, el hermano de fe detenido y condenado en la Isla.

 La falta de práctica de las iglesias en el espacio público de la política y el funcionamiento secretista intrínseco a toda administración religiosa, pueden contribuir a poner en entredicho la imagen de las jerarquías eclesiales en el país; una imagen que quedaría dañada incluso ante las respectivas feligresías, abriendo brechas internas más o menos insalvables.

 Por ello, la efectividad de la acción política de las iglesias no debería estar supeditada a la asociación con las autoridades, ni depender de concesiones hechas por las mismas.

 Convertir todo deseo de mediación de las iglesias en complicidad con la política oficial es lo que procura el gobierno. Más que interlocutores o aliados, lo que busca en los diversos credos son nuevos cómplices, sujetos que confundan el lenguaje pastoral con la propaganda del oficialismo. La meta del régimen sería hablar a través de todas las iglesias con culto en el país.

 En este escenario, cada iglesia habrá de defender la unidad de sus fieles y cuidar su proyección a los ojos de la población en general. Toca a cada una velar por los intereses de su grey y trabajar por la mejora colectiva. Ello supone el trabajo conjunto y la búsqueda de intereses comunes con las autoridades políticas. Pero apelar a una comunidad de intereses no ha de ser, de ningún modo, competir en procedimientos con los peores procedimientos del régimen.